La chispa y la yesca

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La chispa y la yesca

El problema del pobre desgraciado fue haber querido volar tan alto.

Eso de andar desafiando los límites establecidos por los que se encargaron de diagramar los destinos de quienes construimos el mundo es un tema peligroso.

Muy cada tanto se estrella un soñador contra el suelo y los funcionales al reino se amontonan como cuervos a devorar sus restos. La gente cree que lo hacen de hambrientos, pero yo sé que en realidad son borradores de huellas.

Si hay algo que no está permitido es dejar marcas. Porque las marcas son como la chispa y la yesca. Pueden despertar grandes anhelos con su fuego.

Hubo un tiempo en que los soñadores reinaban todas las tierras pero siglos de persecución y castigo terminaron casi por extinguir la raza.

Se dice que en un principio el mundo se construyó gracias a ellos, pero que la avaricia y la envidia de quienes no podían elevarse los terminó abatiendo. Porque el soñador siempre tuvo un gran defecto, el de ser sensible a todo. Y el avaro detecta su talón de Aquiles como el perro que huele el temor del hombre para aprovecharse y convertirse en su dueño.

Dicen que por aquellos tiempos la gente sonreía más, y que no por eso se preguntaba menos.

Yo que sé! Me parece extraño imaginar un mundo distinto al que vemos.

Este pobre idiota se atrevió a romper las reglas, eligió un camino y se construyó un sendero propio por el cual andar.

Ves las marcas en su espalda? Son producto de las armas más poderosas que tiene el hombre, los dedos que juzgan y dividen dejando cicatrices de por vida de las heridas que laceraron su alma.

Ves su rostro resplandeciente? Hasta sonríe el desgraciado! Solo los soñadores mueren con ese rictus alegre. Es la marca que deja la vida por haberse atrevido a darlo todo en busca de lo deseado.

Habría que serle más fiel al alma para que el mundo se parezca más a lo que era antes y para que los hombres comencemos a morir sonriendo y de pie, como los árboles.

Miralo bien que vas a ver muy pocos. Pero apurate! Que si llegamos tarde nos dan “de a látigo” . A ver si por acercarnos a un sueño terminamos postrados!

 

Veronica Mroczek

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(imagen obtenida de Internet)

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Llegar rápido no siempre es llegar.

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Llegar rápido no siempre es llegar.

 

Tan profundo es el espacio asignado para el alma, que solo los valientes se atreven a navegarlo. Son pocos los locos que se aferran con fuerza a los vientos que los llevan por corrientes que los azotan con vehemencia hasta arrojarlos a nuevos puertos todos lacerados por las experiencias vividas pero condecorados con lágrimas y sonrisas por las batallas libradas.

Tan basto es ese espacio que la mayoría se pierde en los adentros, y anda por los tiempos buscando en las afueras las razones que habitan en lo profundo de uno mismo. Y se pierde por caminos ajenos, y vive vidas prestadas olvidando que al final uno queda solo con su alma viajando a un nuevo destino.

Elegimos venir a este mundo de un modo consciente y nos quitan la posibilidad de recordar por qué lo hemos hecho. Comenzamos a crecer a ciegas y vamos tanteando los días, construyendo una historia que, a veces, poco se parece a la que queríamos.

De pronto nos encontramos siendo grandes. Casa, auto, hijos, arcones vacíos. Miramos hacia atrás y la maraña de senderos recuerda de a pedazos todo lo vivido.

“En aquel tiempo era tan feliz”. Repito sin haber logrado desarrollar la capacidad de observar todo lo que tengo alrededor mío, y vuelvo a aplicarle un toque de misterio a la vida que me ha tocado en suerte, y le asigno valores erróneos a las cosas que tengo.

Sigo adelante, eso sí he aprendido a hacer. Corro desesperado en la dirección indicada. Sé que al final hay algo, tiene que haber algo, porque todo lo que conservo no es más que lo que no he podido despegar de mi cuerpo henchido.

Veo la ladera que me lleva hasta el valle. A un lado miles de escalones, al otro el verde parece esponjoso y mullido.

Elijo bajar a los tumbos y dejo caer mi cuerpo, como cuando era niño y jugaba a bajar rodando la colina.

Llego al valle moribundo, los moretones no dejaron rastros de mi piel morena. Miro hacia arriba, un hombre que resplandece baja paciente por los escalones mientras proyecta su luz a quienes le siguen sonriendo mientras sufren las consecuencias del largo camino que han decidido tomar para llegar hasta este mismo lago.

Me reincorporo mientras río. Después de todo no fue tan difícil llegar a destino.

Observo el agua cristalina pero los magullones no permiten que me agache a sorberla.

Miro alrededor, no hay senderos ni señales. No hay personas, no hay amigos.

Llegué rápido pero solo. Liviano, casi vacío.

Siento tanto frío.

 

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Verónica Mroczek

(Imagen de internet)

 

 

 

Un cuarto de libra

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Un cuatro de libra

Un “Cuarto de libra”.

Pasaje instantáneo a la felicidad perdida. Un momento eterno de placer y lujuria. Un tapón para las lágrimas. Futuros problemas de colesterol. Psicólogo para tratar mis problemas de ansiedad. WiFi gratuita. Mc Donalds.
Camino hasta la parada como puedo. Restos de sal en la remera me recuerdan el festín. Son sesenta y cuatro pasos. 
Me siento a la sombra y mientras aguardo por la letra que me lleva a destino siento algo frío en la cara.
Paso el dedo. Proviene de mis ojos. Es agua que emana del alma, el único rincón del hombre que no puede ser engañado.

Verónica Mroczek.

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*Imagen de Internet.

 

No creas!

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No creas!

No me preguntes por qué escribo. Es que no todo tiene porque tener una respuesta.

No te busques escondido entre mis letras, que no todo tiene que ver contigo.

No creas que todo lo que escribo guarda tintes de real, de cosas que en cierto momento han sucedido o de sueños que alguna vez me atreví a soñar.

No sientas que mis dichos son lanzas que atraviesan tu hastío, ni que las palabras más dulces fueron dibujadas por mis manos para acariciar tu alma cansada.

No te atrevas a pensar que escribo por el simple hecho de hacerlo. Pero tampoco busques el por qué de todas las expresiones de mi inspiración.

Hay espacios que guardo en mis adentros. Rincones en los que ni yo me atrevo a meter el dedo para revolver motivos, emociones… recuerdos.

Hay cosas que emanan desde el alma por las manos, y otras que se inventan de la nada y que volcadas al papel huelen tan reales que hasta engañan.

No creas todo lo que leas. Tampoco creas que todo es mentira.

No te preguntes.

Será más fácil si te atreves a disfrutar de lo que escribo sin obligarme a que deba disfrazarme o a esconderme detrás de algún escudo para complacer tu curiosidad o tu egocentrismo.

Verónica Mroczek. cc-by-nc-nd

Pensamientos…

Cuando el viento sopla fuerte con esos aires de renovación, uno siente que la vida fue creada para algo. Y le dan esas ganas de andar experimentando a ver de qué cuernos se trata eso de ir respirando, mientras se sonríe como loco lindo por las calles adoquinadas de negro amatista.

Yo me acuerdo de esos tiempos en que el despertador era la señal de largada para otra muerte indigna.

Otro día de transparencias en los que no había un alma que notara mi presencia.

Me acuerdo de andar mendigando compañía. Recogiendo los harapos de una existencia fría que se había quedado atrapada en alguna vida pasada.

Fue por amor que se apagó el alba.

Y con la oscuridad vino el desvelo. Y con el desvelo el dolor. Con el dolor el miedo. Y con el miedo la muerte.

No había forma ni sentido.

Pobre de aquel que se atreva a caminar por mi camino. Deberá saldar las morosidades que otros deudores se negaron a pagar y ha de lavar con su amor las heridas que aún sangran con sabor a recelo.

Fue por amor que el atardecer devino en grises y me senté entregada a observar un cielo plomizo.

Y mientras me dejaba mojar por la lluvia, que con su agua fria arrastraba mis penas devenidas en lágrimas, supe que algo bueno esperaba por mi.

Sabía que si todo aquello era una corriente serena de tiempos violentos, llegaría el momento del remanso en brazos fuertes que cobijarían mi cuerpo abandonado.

Presentí tu llegada. Miles de veces. Me rondabas.

Vi en tus ojos los colores que la vida le había robado al alba y con tu sonrisa me bañaste de una luz que me hizo olvidar la soledad.

Parece que los tiempos de vigilia dieron paso al descanso. Y enredada en sábanas celestes sueño futuros con colores, con viajes, con niños.

Prueba el tiempo que el espera recibe y que el que perdona sobrevive a las inclemencias que la vida, despiadada y sin escrúpulos, se encarga de hacernos padecer.

Este dolor que me atormenta, aún en estos días felices, me ha enseñado que es la misma existencia que destruye todo a su paso la que crea campos nuevos en los cuales uno ha de poder sembrar.

Verónica Mroczek

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https://www.youtube.com/watch?v=VvhsLa34GbQ

Aunque los atardeceres se hagan eternos

imagesAunque los atardeceres se hagan eternos

Irónico como suena, fui yo la que terminó de cara al suelo, con las manos entrelazadas en la espalda, perdida en los nudos de una madera que parecía estar más viva que mi alma.

Hurgueteando en los recuerdos me desvelo boca abajo y me sorprendo de lo rápido que todo se desvanece cuando se logra estar en paz con uno mismo.

Parece que las cosas no eran tan difíciles como aparentaban. Y eso de andar decidiendo qué y cómo era tan solo un pequeño paso que uno debía animarse a dar.

Me dirijo lentamente hasta el espejo del baño.

Extraviada entre pensamientos mudos que generan ecos de silencio en esta mente atolondrada, busco respuestas a cuestiones en dónde nunca antes las buscaba. Y en ese ir y venir de la inconsciencia, a donde todos parecemos un poco cuerdos y nos entregamos al regodeo que nos provoca el mentirnos a nosotros mismos, me detengo a mirarme sorprendida mientras le sonrío a mi reflejo.

Ya era tiempo de que arreciara el otoño.

Por fin puedo sentir que afuera garúa un poco más que adentro y veo como los árboles pelados se funden con el gris del cielo hasta hacerse imposible distinguir el contorno de sus ramas a través de la ventana empañada.

Dijiste que vas a venir. Me voy a quedar esperando aunque los atardeceres se hagan eternos.

Enredada en los hilos que cuelgan de mis botones vencidos dejo escapar mis secretos por los ojales del alma.

Qué osado el destino al cruzarme en tu camino!.

Se que vas a doler. No importa. Siempre fuí un poco adicta al peligro.

Repaso los dientes con mi lengua filosa frente al espejo mientras la saliba innunda mi boca al pensarte.

Se que vas a partir. Pero prefiero poder decirte adiós algún día al hecho de nunca llegar a decirte hola.

Qué paso con mi sonrisa ? Solía ser blanca y hasta asomaban las encías.

Será que es otra de las cosas que corrieron detrás de mis años de juventud?.

No!. A lo mejor solo anda de descanso, como mi inspiración y mis sueños. Son momentos.

Presa de un cansancio furtivo decido volver a la cama arrastrando mis pies.

Me gusta el sonido de mis pantuflas de garra raspando el cemento, ese que está en la parte de la casa que todavía no pude terminar.

“Ésta si que es una casa tomada”, pienso mientras me acurruco entre las almohadas y presto atención para no empujar con mi espalda la bandeja con el desayuno que quedó olvidada en la cama.

Son las tres de la mañana del día siguiente al que pasó sin dejar rastro.

Te pienso mientras cierro los ojos.

No puedo ver mi rostro, pero siento que pueden verse mis encías asomando al ser acariciada por tu recuerdo.

El sueño viene a mi después de siglos y me animo a dormir sabiendo que en medio de este silencio ya no estoy sola.

Verónica Mroczek

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Madre agua

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Madre agua

Las luces se suceden así,
como se sucede la vida,
en ese inevitable ritmo que uno no puede,
o no sabe detener.

Las lineas de la carretera van marcando el rumbo
de una existencia que anduvo tan firme como a los tumbos
y que al final del camino aceptó sumisa
lo que el destino le había escrito,
porque no pudo revelarse,
porque no quiso, o tal vez no supo.

La música, que atraviesa campos como almas
mientras da vida a recuerdos dormidos, trae voces y caras.
Y al despertar al pecho frio renueva sueños y esperanzas
mientras el sol asoma por detrás del sembradío.

Que será de estos paisanos
que a estas horas levantados
despuntan el día
entre escarcha y mate amargo
ciegos pero sabios
sin opción pero con brío?.

Llegando al mar
el olor a sal y algas despierta mis sentidos.
Y ese aroma a paz revela en su contraste
las tempestades internas que hasta ayer
golpeaban a este cuerpo abatido.

Las siento frías recorriendo las mejillas.
Es desgarrador su grito enmudecido.
Son gotas de lágrimas mansas
que por los surcos de mi piel añeja
van corriendo a fundirse con su madre agua
en un mar de sal embravecido.

 

Veronica Mroczek

(La imagen que acompaña pertenece a internet)cc-by-nc-nd