Desde el Sur (Parte 1). Verónica Mroczek.

carta

Martes 7 de algún Noviembre perdido.

Querido Amigo.

Alguna vez te encontraste mirando hacia atrás y te diste cuenta que estabas absolutamente perdido?.

Tuviste alguna vez la sensación de no saber quién eras, cómo era todo antes o a dónde pretendías llegar?.

Te despertaste alguna vez teniendo la certeza de que habías cometido errores que no ibas a poder reparar?.

Sentiste cómo el fuego quema por dentro quitándote la respiración, haciéndote sentir que no te queda una sola gota de existencia, que el alma se extinguió en el fondo del pecho y que un viento helado se llevó hasta las cenizas?.

Alguna vez te encontraste absolutamente solo en el mundo?.

Tuviste esa sensación de que aunque murieras sin aliento de tanto gritar no te respondería ni tu propio eco?.

Qué pasa con las vidas sin sentido?. A dónde van las almas que se arrojaron al vacío?.

Qué pasa con los infelices que no se animaron a vivir?.

Qué va a pasar conmigo si decido seguir adelante con todos mis delirios?

Porque ya no hay rastros en el camino que me ayuden a volver a ser quien fui alguna vez, y la maleza frente a mis ojos pareciera ser tan espesa que no encuentro forma de seguir avanzando sin el consejo de mi amigo.

Se que han pasado años desde la última vez sin que te preguntara si aún estabas vivo. Pero la verdad es que han pasado años en los que ni siquiera yo he vivido.

Será demasiado tarde para contarte mis memorias? Para tratar de reconstruir la historia y tratar de remendar los huecos por los que me cala el frío?.

Alguien me dijo que te convertiste en una persona hecha y derecha. Recuerdo haber sonreído al escuchar esas palabras, la frase parecía no encajar con tu tipo. Pero después me di cuenta de que quizá fui la única que quedo colgada en el limbo mientras el resto se armó una vida. Quizá era solamente yo a la que no le cabía la frase de la que tanto solíamos reírnos.

De todos modos me sentí contenta al saber de tus cosas, al imaginarte creciendo de la mano de alguien más, construyendo algo que finalmente te va a permitir trascender. Porque te cuento que siendo libre y aventurero no se llega a ningún puerto, y todo aquello que imaginábamos iba a ser alucinante terminó siendo una cárcel de hierro con un pequeño agujero en la pared a través del cual mirás como el mundo sigue girando mientras vos te vas descomponiendo adentro.

Pasaron tantos años desde nuestro ultimo abrazo, recuerdo cada detalle que acompañó a ese momento.

Sabía que esa iba a ser la última vez, pero en el fondo de mi alma jamás pensé que esa realmente sería “la última vez”. Jamás pensé tantas cosas… quizá por eso estoy a donde estoy, a lo mejor esa fue la razón por la que me quedé con las manos vacías, porque en realidad nunca vi venir nada.

Me contaron que andas de camisa y corbata paseándote por el centro mientras comprás comida china que devorás a las corridas camino a la oficina y que por las noches te esperan personas que te conocen y te quieren bien, que ya no le das de comer a las palomas ni te perdés las noches delirando. Que salís a correr por las mañanas y los domingos te despertás temprano para aprovechar el día. Me dijeron que te cortaste el pelo y que ya no usas esmalte de uñas negro en el dedo meñique, que las zapatillas a cuadros las prendiste fuego para hacer un asado y que tiraste a la basura los cientos de pines que solías llevar en tus mochilas y camperas.

Me dijeron que preguntaste por mi un día, que me recordabas con cariño, que te contaron algo de mi historia y sentiste pena, aunque preferiste seguir pensando en mí como en una guerrera. Lamento defraudarte, la verdad es que de aquel disfraz ya no quedan ni las plumas y ando desnuda por las calles sin ser percibida porque a estas alturas ni yo misma me como el personaje que tanto me costó crear para llevar adelante mi vida.

Sabes a quién me crucé el otro día?. A Esteban. Me dijo que iba por el tercer hijo y que aunque la estaba peleando disfrutaba mucho de su vida. No se acordaba muchas cosas del pasado, tampoco de muchas personas, parece que su presente está sobrecargado como para estar revolviendo lo vivido tanto tiempo atrás. Mientras hablaba con él me di cuenta de qué prendida había quedado yo de todas aquellas historias sin sentido y de qué alejado estaba él de todo lo que habíamos sido.

Que loco, no?. Justo él, que era el más comprometido.

Todavía sigo escuchando aquella vieja canción a escondidas, esa que solíamos escuchar cuando nos juntábamos a fumar abajo del puente. La escucho una y otra vez y cierro los ojos y me dejo envolver por esas voces y hasta puedo sentir el olor de las flores que crecían junto al río, nuestras risas cómplices y nuestras voces desafinadas espantando pájaros cuando cantábamos a los gritos.

Te acordás de alguna de estas cosas? O sigo siendo la única que le dio importancia a todo aquello?. Será que no puedo dejarlo ir porque es lo único que tengo? Porque después de aquel momento la vida se me convirtió en un tormento eterno, un poco por mi culpa, un poco por mi suerte, y otro tanto por mis desaciertos.

Qué será de vos? Me lo pregunté tantas veces, pero no tuve el coraje, no podía mentirte, no a vos. Y tampoco podía presentarme así, tan vencida. Así que decidí desaparecer, preferí esfumarme y quedar impregnada en tus recuerdos como una especie de alma feliz que te llenó de momentos alegres, que te acompañó en tus hazañas, que te avivó el fuego en las noches de escarcha , una amiga que siempre estuvo ahí para darte una mano para salir a flote.

Pero bueno, acá me ves, piel y hueso, con la cabeza a gachas. Le di la vuelta al mundo para venir a golpear tu puerta a cara lavada y con lo que me queda de fuerza en estas manos ensangrentadas pretendo acariciar tu rostro suavemente y decirte que estoy avergonzada.

Esta es la historia de mi vida desde el momento en que te dije adiós. No pretendo que me entiendas, se que sería demasiado esperar que perdones tanta torpeza, tanto abandono. Solo pretendo que conozcas mi verdad.

Continuará…

cc-by-nc-nd

Verónica Mroczek

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