Desde el Sur (parte 7) Veronica Mroczek

carta

Diciembre de lavandas y lupinus.

Casi viva alcanzo la cama con lo ultimo que queda de energía.

Súbitamente los recuerdos se entrelazan entre sueños y deseos y el sabor a muerte en la boca empasta mi lengua seca.

Casi. La palabra que mejor define mi existencia.

Casi libre, casi exitosa, casi intrépida, casi amada… casi todo y casi nada.

El paso del tiempo ha dejado sus marcas… arrugas en el alma que esconden una vida entre sus pliegues profundos a dónde la luz parece no llegar, lugares en los que alguien podría descubrir los secretos de mi esencia para poder comprenderme si pudiera verlos.

Las famosas vueltas de la vida se dieron demasiado rebuscadas para este alma cansada. Y todo lo que pudo haber salido mal termino saliéndolo, y todo lo que se me pudo haber negado se me fue prohibido – no sin antes habérseme dejado probar el dulce sabor de su néctar.

Pero no todo es oscuridad. Aún en los rincones mas ocultos un haz de luz brilla tenue pero insistente para no permitirme olvidar que aún estoy viva. Y en esa luz, en ese espacio maravilloso en el que me cobijo a menudo, duerme tu nombre entre canciones que recorren un valle de cerezos en flor.

Supiste hacerme brillar como a una estrella fugaz. Y supiste hacerme sentir especial… tanto que hasta llegue a creerlo.

Pasaron mil años desde la ultima vez que me sentí viva. Desde entonces me paso las tardes observando gente, preguntándome hasta cuándo les durara eso que están sintiendo mientras el reflejo del vidrio me devuelve una mirada vacía que empaño con el aliento frio de la muerte en vida.

Durante siglos cerré las puertas a toda amenaza y convertí la vida en un fluir de acontecimientos vacíos.

Sabía que ibas a lastimar. Sabía que iba a doler. Te ame de todos modos y me deje atravesar por tu esencia egoísta y despiadada.

Miles de voces me advirtieron del peligro. Cerré los ojos por primera vez a todas las señales y te deje pasar a este mundo que nadie antes había conocido.

Hoy solo quedan pedazos de todo aquello que solía ser mi hogar. Y me siento bajo la lluvia de diciembre a sentir cómo será vivir toda mi vida con un alma destruida y un corazón sin capacidad de amar.

Hoy mis recuerdos vuelan hasta aquella tarde en la que en silencio decidí desaparecer de tu vida para que no me siguieras lastimando. El camino del aprendizaje ha sido extenuante. Sobre todo porque al final encuentro que todo aquello que pensaba era cierto… Que feliz vivía antes de haber amado.

PD: he decido mandarte estas cartas y otras notas que he coleccionado a través del tiempo. Me quedo en esta dirección, por si te dan ganas de responderme algo.

Continuará…

cc-by-nc-nd

Veronica Mroczek

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